LOS NIÑOS DE PUEBLO

Lo que os voy a contar hoy no tiene nada que ver con mis queridos rabilargos, ni con el grupo de investigación, ni con nada de la universidad; esto va por cuenta propia.

Después de muchos tiempo pisar por el pueblo ha tocado volver y una parada obligatoria  siempre es ir a la parcela. Siempre que voy hay algo diferente y esta vez ha sido encontrar una pareja de rana común (Pelophylax perezi) dando un concierto improvisado en la alberca, así que como buena científica empírica y enreda habitual mi primera reacción fue ir a cogerlas, pero esta vez con un regüello y no con un bote o con las manos directamente como hacía cuando era pequeña.

No se como pasabais los veranos los niños de ciudad, pero los niños de pueblo teníamos muchas formas no tecnológicas de entretenernos y todos tenemos cicatrices de guerra que lo demuestran.

Y vosotros diréis que esto qué tiene que ver con las ranas, pero es que uno de esos entretenimientos era colarnos en un solar donde guardaban palés de madera en el que se formaba una charca temporal que se llenaba de ranas y nosotros, que estábamos un poco asilvestrados y que no se nos ponía nada por delate, nos metíamos por un hueco que teníamos hecho cerca de la puerta del solar y saltábamos de palé en palé a lo Súper Mario Bross con botes en la mano cazando todas las ranas que podíamos.

¡La de veces que nos caeríamos al charco y la de moratones que no hacíamos de tanto resbalar porque nos quedábamos sin botes e íbamos a por las ranas con las manos!     Las pobres ranas en cuando escuchaban movimiento se escondían donde podían pero como el charco no nos mojaba más arriba de las rodillas lo de estar refugiadas les duraba poco rato. Algunas las devolvíamos, otras las echábamos a la fuente del parque y volvían solas a la charca y a otras se las llevaban y bueno, su destino ya era un poco incierto.

Con los años perfeccionamos la técnica y descubrimos lo útiles que eran las redes y los regüellos, pero para ese entonces nos cerraron en acceso al solar y se nos fastidió el invento.

Así que mientras yo estaba subida al borde de la alberca regüello en mano intentando coger a las ranas de la parcela volví a sentirme otra vez como cuando tenía 7 u 8 años. También me di cuenta de que he perdido muchísima práctica porque me costó 3 intentos pillar sólo al macho (la hembra no salió en todo el rato que estuve allí) que saltaba de la red a mi pecho y de ahí a la alberca otra vez. Además lo de cogerlo con guantes, porque sí, hay que manipular anfibios y reptiles con guantes, no ayudaba mucho y el bicho se me escurría.

Después de identificarlo y hacerle alguna foto devolví a la rana al agua sana y salva para poder seguir escuchando cómo canta el próximo día porque eso es lo más bonito.

Ya veis que mi curiosidad por los animales viene desde que era pequeñita, aunque tampoco es que haya crecido mucho desde entonces 😉

Sin título

Aquí el susodicho ya en mis manos
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