LA GARDUÑA SIEMPRE ATACA DOS VECES

Mis exámenes han acabado (de momento) y las garduñas han vuelto a hacer de las suyas merendándose unos cuantos nidos más o dándoles los pollos a sus garduñitos. El ciclo de la vida, como decía “El Rey León”. Total que a estas alturas entre unas cosas y otras apenas hay trabajo pero eso no quita que los días de campo no sean entretenidos.

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Aquí tenéis a una pillada por una de las cámaras de fototrampeo yendo a por la cena. Eran pollos de unos 13 días que seguramente habrían volado al día siguiente. ¡Llevan las cuentas mejor que nosotros!

Ante la falta de nidos para hacer observaciones optamos por tomar el café reglamentario, por cerrar las trampas para ver si caían un par de ejemplares que no tienen marcas y van a los nidos (que no, no cayeron) y por buscar más nidos por si acaso había alguno nuevo de reposiciones. Aquí sí hubo suerte y encontramos un nido con 6 pollos de unos 14 días a punto de volar ya, así que rápidamente hubo que subir a cogerlos para marcarlos, pesarlos y sacar muestra de sangre antes de que volaran; lo de subir así a pelo, porque la escalera estaba allá donde Cristo perdió el mechero e íbamos a tardar más yendo a por ella que subiendo sin nada. Pero el problema de encontrar pollos tan grandes es que se pueden tirar del nido o luego no quedarse en él cuando se les vuelve a subir. Es que imagínate el trauma que tiene que ser que tú estés en tu casa tranquilamente y que de repente aparezca una cabeza gigante con un cesto (quien dice cesto dice gorra) para meterte dentro y hacerte pruebas. El infarto en esta situación tendría probabilidades muy altas 😉

Rápidamente nos pusimos a colocar anillas y a sacar sangre, pero mamá rabilarga estaba muy enfadada porque estábamos manipulando a sus pequeños y decidió que la mejor forma de echarnos de allí era empezar a chocarse contra mi cabeza repetidas veces y sin miramientos ¡me dio ella en un rato más capones que mi madre en toda la vida! tanto que me deshizo el moño que llevaba hecho; y aquí se escuchó de fondo que a mí por lo menos me daba en el moño, que al resto les daba en la coronilla…La parte positiva es que al tenerla tan cerca se le veían las anillas divinamente y fue fácil identificarla. Ah, y para acabar de rematar el maltrato hacia mi persona, el pollo al que estaba sangrando yo me cagó toda la mano y parte del brazo como si le fuera la vida en ello.

Volvimos a dejar a los pollitos en el nido y esperamos un rato desde lejos para ver que no se tirasen del nido, menos mal que solo saltó uno que se quedó enganchado en una rama y volvió a escalar para arriba. Además antes de irnos hicimos un rato de observación y hemos descubierto que en este nido hay ayudantes, pero ni el ayudante ni el padre están marcados, así que ahora tocará jugar al “Quien es Quien” para identificarlos.

Por último, cuando volvíamos al coche se nos cruzó por el camino un ejemplar de lagarto ocelado que casi me salió de entre los pies, y yo que cuando me sorprendo no se hablar (bueno, a veces de normal tampoco) sólo era capar de decir “¡¡mira, mira, mira, mira mira!!” pero ni dónde ni el qué, así que no se si al resto le dio tiempo a ver al lagarto antes de que se fuera corriendo a esconderse.

 

¡Seguiremos informando!

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Pollito escapista que no quería estar sujeto

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Pollito cagón vengativo
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